sábado , octubre 21 2017
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Crema sana in corpore sano

La cosmética natural concibe la belleza como la cara de una moneda que tiene su cruz en la salud. La buena crema lo es cuando aprovecha lo mejor posible las propias funciones de la piel de nuestro cuerpo. La piel es la delicada armadura con la que el cuerpo planta cara al mundo. Agua (60-65%) y una fina emulsión de ácidos grasos (“sebum”) aportan turgencia, flexibilidad y elasticidad para el combate diario a pecho descubierto. Su enemigo a muerte es la deshidratación -entre cuyas filas campan los agentes externos: sol, viento, polución…- y el proceso de envejecimiento producido por la exposición a los rayos ultravioletas. Para mantener el tipo, esta coraza se embarca en una regeneración celular constante; pero si el contrincante consigue abrir brecha, la producción desciende y se reduce su poder como frontera defensiva hacia el exterior. La cosmética natural apuesta por un concepto de belleza que hunde sus raíces en la salud de nuestra piel. Se trata de estimular sus propias funciones sin romper el equilibrio hídrico que asegura su lozanía. Sus productos, que aúnan el saber milenario sobre las propiedades de las plantas y la tecnología más actual, ya se han hecho un sitio en el mercado. Se trata de preparados menos agresivos, de carácter hipoalergénico y exentos de conservantes químicos y perfumes. En su compromiso ecológico se niegan a la experimentación en animales y apuestan por envases biodegradables. Higiene e hidratación El objetivo de la higiene corporal tiene como objetivo eliminar los restos de suciedad y aportar los elementos necesarios que reequilibren las alteraciones provocadas por los agentes externos. El cuidado de la piel empieza por una buena ducha; si se quiere conseguir una sensación relajante habrá que optar por un gel de melisa, con el de romero logrará revitalizarse para enfrentarse a un nuevo día de trabajo. El segundo paso es la hidratación. El mercado ofrece dos alternativas: cremas hidratantes o aceites corporales. Cualquiera de estos productos servirá para nutrir y lubricar el preciado envoltorio; frente a la rápida absorción de la crema, el efecto del aceite perdura más. Los óleos, de primera prensa, contienen principios activos de los vegetales que sirven de materia prima para su elaboración (aguacate, oliva, germen de trigo, almendras dulces…). Trabajo diario La puesta a punto del rostro pasa por una exfoliación o peeling a través de preparados que contienen microgránulos derivados de frutas o vegetales. Con esta medida la piel gana en capacidad para asimilar los principios activos de los revitalizantes o reparadores con los que se la agasaje. La limpieza es la base de una piel sana y, a diario, habrá que utilizar leches limpiadoras acordes con nuestro tipo de piel y elaboradas con extractos de plantas. Su misión consiste en acabar con los restos de maquillaje y las partículas en suspensión que penetran en los poros. Los tónicos de enzimas y activantes de fácil asimilación (pepino, tomillo, menta…) rematan la higiénica jugada con su frescor y su poder astringente o capacidad para absorber la grasa. Para terminar, es necesario aplicar una crema hidratante que ayude a la piel a mantener su humedad natural.

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