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Para una juventud eterna

En su afán de frenar los efectos del paso del tiempo sobre la piel, la cosmética sueña con la juventud eterna y se juega todos sus caudales a dos cartas: las vitaminas y las enzimas de última generación. Entre ellas brillan con luz propia el retinol y la coenzima Q10, dos sustancias que hacen frente a las causas del envejecimiento y la degeneración celular. Desde hace unos años, la cosmética vitaminada se ha impuesto en la cruzada antiarrugas en la que andan inmersos los laboratorios de todo el mundo. Su capacidad para frenar y reparar los estragos que causan el sol o la contaminación sobre las células de colágeno dan fe de su eficacia. En un principio, las cremas contenían tan sólo derivados de vitaminas, ya que era imposible disponer de ellas en estado puro porque se volatilizaban de inmediato al contacto con el aire antes de poder profundizar en la epidermis. Pero en estos momentos, las multinacionales de la belleza ya han conseguido estabilizarlas, así como encontrar vías de penetración por las que llegan intactas a la piel. El milagro Retinol El retinol o vitamina A ácida se tiene por la vitamina antiarrugas por antonomasia. No sólo estimula la actividad de las células, sino que atenúa las arrugas y mejora la elasticidad de la piel. Su historia se remonta a los años 30, cuando el profesor Kligman descubre en EEUU el poder rejuvenecedor de esta vitamina, aunque no exenta de efectos secundarios (irritación, alergias…). Los cosmetólogos trabajaron con compuestos derivados de la milagrosa vitamina hasta que el laboratorio Avéne incluye en su fórmula el retinaldehido, un derivado que se transforma en vitamina A ácida conforme a las necesidades de la piel. Finalmente, en 1995 la marca Roc consigue estabilizarla en estado puro sin ningún tipo de efecto secundario. Otras vitaminas antiarrugas Otra serie de vitaminas atesoradas en toda su pureza hacen gala de sus dotes rejuvenecedoras en los preparados que lanzan al mercado las firmas más prestigiosas. La vitamina C pura es vital para devolver el resplandor a las pieles apagadas. Además, a largo plazo estimula la producción de colágeno y reduce las manchas. Presente en la mayor parte de los cosméticos, la vitamina E pura actúa como un escudo protector frente a las agresiones externas, sobre todo ante el aire, la luz y la contaminación. Por su parte, la vitamina H pura sintetiza los ácidos grasos y mantiene en equilibrio la barrera hidrolipídica con la que el cutis se protege del exterior. Por si fuera poco, esta vitamina fortalece la piel y le imprime mayor resistencia. El poder de la enzimas La piel es un entramado vivo que funciona como una fábrica de transformación biológica. La cosmetología no sólo intenta aportarle sus carencias, sino que la enseña a fabricar lo que necesita y a hacer frente a las agresiones mediante la inhibición de las enzimas que causan estragos sobre ella. En este sentido aparecen fórmulas que plantan cara a la plasmina, una enzima enemiga de las pieles secas; estimulan la catalasa, que ataca los radicales libres; o inhiben la elastasa y la colagenasa, ambas muy combativas con las fibras de elastina y colágeno. La coencima Q-10 es lo último en cremas. Se trata de un componente natural cutáneo que está presente en todas las células vivas. Su misión es fomentar la producción energética de éstas (el 95% de la energía corporal se debe a su intercesión). Además, protege la piel de los radicales libres, estimula su regeneración y retarda el envejecimiento. Con los años se reduce la cantidad de esta coenzima que se almacena naturalmente en las células y la piel pierde su poder para reparar arrugas. Sus poderes son tantos que incluso se ingiere como complemento dietético.

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