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Diez consejos para sobrevivir en Navidad

Vienen las Navidades, época de amor y caridad, de estar con la familia y ver a los seres queridos, de ser bueno con todos y con todo, aunque… no siempre es posible. Son las últimas vacaciones del año, pero en fin, ¡vaya vacaciones! Que si las compras, que si los niños todo el día en casa, que si visitas a todas horas y comidas y más comidas. Al final se está deseando que acaben las dichosas fiestas y volver al trabajo, que es más relajado. 1. Decorar el hogar No hay fiestas navideñas que se precien sin su árbol, su Belén y demás ornamentos decorando cada rincón de la casa. Un nuevo look hogareño que le puede salir por un ojo de la cara. Si no ha sido previsor el año pasado, empaquetando cuidadosamente las bolas y el espumillón, y para que los adornos no le pasen una factura demasiado alta, lo mejor es hacer de esto un juego con los niños. Entre toda la familia se pueden fabricar estos elementos decorativos, dando así vigor a una de las máximas de esta época: compartir el tiempo con los seres queridos. Hay que tener en cuenta que llegará un día en que se acaben las fiestas y haya que recoger todo el tinglado, por lo que lo más recomendable es moderar el entusiasmo creador y recordar constantemente que luego eso va a tener que se recogido, empaquetado y guardado. 2. Planificar los regalos Sin duda alguna, las fiestas navideñas han perdido ya su tradicional sentido de austeridad y caridad para convertirse en uno de los máximos exponentes del consumismo. Comprar regalos para pareja, hijos, padres, amigos, familiares y compañeros puede desembocar en la ruina más absoluta. Por eso hay que planificarse. Lo mejor es empezar pronto para que no le “pille el toro” y poder elegir mejor. Muchas veces por falta de tiempo se adquieren productos que en la tienda de al lado cuestan la mitad. Hay que buscar y comparar. Sin prisas y con paciencia. 3. ¿Qué hacer con los niños? Los niños han regresado a casa y no deja de repetirse día a día a lo largo de todas las Navidades ¡Bendito colegio!. En muchas ocasiones, los preparativos, compras y compromisos –y el agotador plan de actividades que precisan los pequeños- acaba con el entusiasmo inicial de compartir unos días de asueto con ellos. Una buena organización entre progenitores, abuelos, tíos, e incluso amigos le ayudará a planificarse. 4. Atender compromisos Ya no hay excusas que valgan. Hay visitas que se van dejando durante todo el año para otro día que nunca acaba de llegar. Hasta que aparece la Navidad. El problema fundamental se hace presente cuando hace demasiado tiempo que no se está con esas personas, ya que la distancia puede enfriar mucho las relaciones. Sin embargo se puede hacer de esto una ventaja y un importante foco de conversaciones. 5. Organizar las comidas familiares Este es uno de los grandes aprietos de las Navidades. Lo mejor es ir turnándose entre todos los familiares. Así, cada año se celebrarán las citas especiales en la casa de un familiar. De esta manera se disfrutan de todas las ventajas de una velada en familia y los inconvenientes se reparten. 6. El vestuario Este es otro de los posibles pozos sin fondo de estas fiestas. Que si el de Nochebuena, el de Nochevieja, el de Reyes, al final un dineral en modelitos demasiado escandalosos como para poder sacarlos partido durante el resto del año. Lo mejor: esperar a las rebajas que están a la vuelta de la esquina y, con previsión de futuro, adquirir el del año que viene a mitad de precio. 7. Los kilos de más Al fin y al cabo, aunque duela, si al menos fuera el coste monetario el único precio a pagar tras las Navidades, pues bueno. Pero es que encima salud y estética también cobran peaje. Mientras acaba el roscón de Reyes ya se está planteando el dejar de pasar por delante del espejo durante unos cuantos días, hasta que la dieta a base de verduras consiga amortiguar los efectos de la opulenta Navidad. 8. La nostalgia Otro de los grandes problemas de estas fiestas de familia y reencuentros es la nostalgia. Hay seres queridos que ya no están y su ausencia es aún más latente en estos días. Lo mejor en estos casos, recordar con satisfacción los buenos momentos pasados y vivir a tope los presentes. 9. Resaca de las fiestas No se limitan a las de las noches intempestivas de cotillón. Las Navidades dejan un poso que se manifiesta en un enorme vacío en el bolsillo, un lleno absoluto en el estómago y un cansancio de los que hacen historia. Estos son los verdaderos y duraderos obsequios de estas fiestas. 10. El estrés ¿Quién dijo que esto eran vacaciones? Seguro que al final de estas celebraciones el nivel de estrés se le ha multiplicado por dos. Piense en el lado positivo, así podrá relativizar sobre las tempestades en el trabajo. ¡Siempre serán mejor que esto!.

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