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Hijos, trabajo, casa… ¿Se puede con todo?

Una realidad que está de plena actualidad y llena páginas de periódicos y revistas, es la dificultad que viven muchas mujeres casadas y con hijos a la hora de compaginar su vida familiar y profesional. Uno de los problemas más comunes, a la hora de encontrar ese equilibrio, tiene lugar con el nacimiento del primer hijo. Se aspira a un ideal de familia en el que tanto el hombre como la mujer trabajen fuera de casa y repartan las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Pero, la realidad es que en los últimos años únicamente el 0,98% de los hombres se ha acogido a la baja por paternidad. Este no es el único escollo al que se enfrentan las mujeres trabajadoras hoy. Según los datos del CIS, el 64% de las mujeres y el 46% de los hombres piensan que las desigualdades que actualmente existen entre hombres y mujeres son muy o bastante grandes. Además el 64% de las féminas considera que su salario es más bajo que el de los hombres, el 56% que las oportunidades para encontrar un trabajo son peores y un 55% que las expectativas de promoción profesional son inferiores a las de los hombres. Con los hijos llega el cambio Una vez casadas y antes de tener hijos, la mayor parte de las mujeres desean trabajar a jornada completa; sólo una minoría, el 15%, prefiere una jornada a tiempo parcial. La situación cambia cuando nace el primer hijo y hasta que tiene edad de ir a la guardería. Durante esta época la mayoría de las madres preferirían trabajar a tiempo parcial. Una de las razones es que la maternidad cambia el orden de importancia de su escala de valores, otorgando una relevancia primordial a su vida familiar. Muchas mujeres, una vez de que el hijo más pequeño ha empezado a ir a la escuela, vuelen a interesarse por recuperar la jornada completa. Lo mismo ocurre cuando los hijos se independizan del hogar; aunque aquí hay que añadir la dificultad del factor edad, que supone una barrera a la hora de conseguir un contrato indefinido, debido a que las generaciones más jóvenes vienen pisando fuerte. La mujer trabajadora y la ley Los datos del CIS indican que todavía para un 29% de la población el deber de un hombre es ganar dinero y el de la mujer es cuidar de su casa y de su familia. A pesar de ellos la legalidad vigente implica un apoyo cada vez mayor para las mujeres trabajadoras. El Código de Trabajo establece el descanso pre y post- natal, que en conjunto no será menor de doce semanas pagadas, conservando su empleo y todos los derechos. Además podrá disfrutar de tal permiso cuando ella disponga, siempre que reserve seis semanas obligatorias para después del parto. La ley establece que ningún superior puede despedir a una trabajadora durante el período de embarazo, ni en los tres meses posteriores al parto. Derechos de la mujer trabajadora La ley determina que, si por el embarazo el trabajo que hace la mujer, puede afectar a su salud, la empresa estará obligada a facilitarle un cambio en sus funciones y tareas. Según la Ley del 99, el padre también puede solicitar la baja paterna, siempre que no se trate de las seis semanas posteriores al parto, de obligada baja para la madre. Sin embargo, el disfrute de este permiso paterno, conlleva un descuento en la baja de la mujer, puesto que entre los dos sólo tienen derecho a dieciséis semanas, que pueden repartirse como mejor lo consideren. El período de baja maternal se amplía en dos semanas en los casos de partos múltiples. En los casos de acogida o adopción de menores de seis años, el permiso por maternidad es de dieciséis semanas. Papel que debe desempeñar la sociedad Que el marido y padre asuma su responsabilidad real en la familia, dedicándose a ella como a uno de sus deberes primordiales. Que la sociedad se haga cargo de la situación y se adopten medidas eficaces, no teóricas, de las que ya funcionan en buena parte del mundo occidental, donde han comprobado que la capacidad de las mujeres es una riqueza importante que no se puede marginar durante su mejor etapa productiva, que suele coincidir con la maternidad. Algunas de estas soluciones pueden ser subsidio a las familias numerosas, con una cantidad por cada hijo, y una política de empleo que asegure a las madres que no van a quedarse por ello marginadas en su trabajo.

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