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Los niños y el desayuno

Cada vez más, los expertos inciden en la necesidad de que los buenos hábitos alimenticios se adquieran en la infancia, de manera que cuando se alcance una edad madura y los achaques de salud emerjan amenazantes, los afectados no tengan que verse en la complicada tesitura de tener que cambiar las malas costumbres arraigadas, para evitar así males mayores. Casi todas las personas, en todas las edades, cometen ‘imprudencias’ a la hora de comer, y al amparo de esa ausencia de sensatez se germinan muchos problemas de salud. Un claro ejemplo se encuentra en la mala interpretación que se hace del desayuno. Está demostrado que los niños que obvian la primera comida del día son más propensos a tener exceso de peso.

Lácteos, cereales y frutas

La ausencia de alimentos por la mañana propicia que los jóvenes carezcan de las sustancias necesarias para transformar en energía las grasas que ingieren durante el resto del día. Un buen desayuno, con lácteos, cereales y frutas como productos principales, proporciona al organismo el calcio y las vitaminas suficientes para que el metabolismo convierta las grasas en componentes energéticos.

Pese a la importancia del desayuno para una dieta equilibrada, el 8% de los niños y jóvenes españoles acude cada día al colegio, la universidad o el trabajo sin haber probado bocado por la mañana. Así lo reveló recientemente el estudio ‘enKid’, que han llevado a cabo más de cuarenta diplomados en Dietética y Nutrición, quienes han recorrido en los dos últimos años todo el país para recopilar información sobre los hábitos alimenticios de niños y jóvenes de entre 2 y 24 años –los encuestadores han realizado más de 2.500 entrevistas para extraer las conclusiones–.

Rendimiento escolar

Los autores del informe aseguran que los adolescentes son los que peor desayunan –si es que lo hacen–, y estudios recientes han revelado que esta circunstancia propicia que el rendimiento escolar de estos jóvenes sea menor, ya que se reduce su capacidad de atención y entendimiento. Además de carecer de la energía necesaria, los problemas de sobrepeso se agudizan cuando los niños comen a media mañana bollería industrial.

Un vaso de leche

El 4% de los encuestados afirmó que no toma nada por la mañana, un fenómeno más extendido entre las clases sociales modestas y los grupos de mayor edad. El desayuno tipo de la población infantil y juvenil consiste en un vaso de leche (74,6%), galletas o bollería (50%) y pan (15%). Sólo el 9% consume zumos y el 5% alguna pieza de fruta entera. De hecho, sólo 2 de cada 10 menores toma todos los días un desayuno completo. Comer bien por la mañana requiere, además, su tiempo. Los niños deben disponer de al menos un cuarto de hora para desayunar con tranquilidad, y siempre deben hacerlo en compañía. Lo ideal sería que los padres lograsen que los hijos vieran la primera comida del día como otra más. No es nada bueno que la madre diga eso de “ponte los zapatos y caliéntate la leche”.

El ambiente familiar agradable invita a una mejor aceptación de las raciones. Por desgracia, las prisas y las ocupaciones provocan que todo esto se olvide con demasiada frecuencia. Aprender a comer desde pequeños contribuiría a prevenir muchas enfermedades. Y para ello, es fundamental que los padres inculquen con su ejemplo a sus hijos los hábitos correctos. En los niños se debe favorecer la ingesta de productos ricos en calcio (lácteos) y hierro (legumbres y carne), y en ancianos y mujeres (sobre todo después de la menopausia), los alimentos ricos en calcio.

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