domingo , octubre 22 2017
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Los niños y las mudanzas

Hay decisiones que, aunque parecen fáciles para los adultos, pueden traer situaciones problemáticas para los hijos. Una de ellas son el cambiar de domicilio o abandonar una comunidad para integrarse a otra. Estas situaciones pueden llevar a que los más pequeños padezcan una situación de ansiedad, ya que se deben enfrentar a un mundo desconocido. Tras el cambio de trabajo o la ruptura de la pareja, el cambio de domicilio es una de las situaciones que más estrés producen en los adultos. Para los más pequeños esta situación también es angustiosa, ya que pierden la referencia del entorno que les era habitual para adentrarse en otro, que todavía no conocen. Hay que tener en cuenta que un niño delimita su territorio como zona segura. Es decir, su calle, su colegio, el parque donde va a jugar se convierten en parte de su hábitat natural. Conoce a la gente y sabe orientarse y moverse por él. Esta situación se rompe cuando la familia se muda, ya que se rompen sus referentes y sus hábitos cotidianos de vida. Crear espacio Puede ser que la nueva casa no esté muy lejos de la anterior, pero será necesario un tiempo para que el niño se oriente y vuelva a tomar referencias y seguridad dentro de ese novedoso espacio. Es, en esos momentos, cuando más ayuda necesita de los adultos, ya que para él es necesario volver a reconstruir un espacio que considere propio. Cuando el nuevo hogar está a mayor distancia el niño experimentará grandes cambios en su entorno. Otro barrio u otra ciudad significan para él una nueva escuela y la convivencia con gente nueva. Al principio puede sentirse excluido, pues todos los demás tienen un amigo preferido o que tienen sus grupitos de compañeros de juego. Pensará que él lo ha tenido que dejar todo por un capricho de los padres. Un nuevo colegio, unos compañeros nuevos Los niños en edades comprendidas entre los 4 y 6 años o de primer grado de enseñanza, son particularmente vulnerables. A esas edades están iniciando un proceso de mayor autonomía de los padres, de ajustarse a nuevas figuras de autoridad y a grupos de compañeros, como los que viven en el colegio. La nueva localización puede interferir en este proceso y alterarlo. Puede ser que el niño realice una regresión y una relación de mayor dependencia hacia sus padres. En el ámbito escolar se deberán enfrentar a una nueva estructura educativa, más o menos diferente de la que estaba habituado. No hay que olvidar que puede encontrarse más adelantado o más atrasado que los otros niños. Una situación que le causará aburrimiento y ansiedad. Es necesario, por tanto, seguir su desarrollo en la escuela y buscarle motivaciones que permitan asimilar mejor el cambio. El terror al cambio La peor edad para estos cambios suele ser la pre-adolescencia la adolescencia. En esos momentos el referente de los amigos significa la aceptación social y la relación con ellos se basa principalmente la en la proximidad y en verse cada día. Para él su grupo de amigos tiene una gran importancia, ya que, a través suyo, se conectan con el entorno. Las protestas serán frecuentes y continuas. No valorarán que el nuevo hogar es mejor o más amplio. Para el adolescente el cambio representa una pérdida, que se centra en el cambio de su hábitat social. Será frecuente que pidan permiso para quedarse en casa de un amigo de su anterior domicilio. Esta es una situación que puede valorarse a mitad de camino entre la añoranza y el castigo a los padres por hacerle abandonar su entorno. Puede que algunos jóvenes no hablen acerca de su aflicción aunque les esté repercutiendo negativamente. Los padres tienen que estar alerta a algunas señales de aviso sobre una posible depresión, incluyendo cambios en el apetito, retraimiento, deterioro en los estudios, irritabilidad, cambios en los patrones de dormir y otros más dramáticos en relación con su comportamiento. Reacción mimética Los niños que parecen estar deprimidos por una mudanza podrían estar reaccionando menos a la relocalización que al estrés de sus padres al establecerse en un área nueva. Algunas veces uno de los padres está en contra de la mudanza y los niños lo captan y reaccionan a la discordia familiar. Si las señales de depresión o tensión persisten es necesario buscar el consejo de un especialista en psicología infantil, quien podrá diagnosticar y tratar los problemas físicos y emocionales que puedan estar afectando al niño como resultado del estrés de la mudanza. El psicólogo infantil ayudará a los padres a que la nueva experiencia se haga más llevadera para toda la familia.

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