martes , septiembre 26 2017
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Pasión en la oficina, compartiendo despacho y dormitorio

Como mandan los cánones: “ Hasta que la muerte nos separe”. Compartir el amor, el cuarto de baño, la pasta de dientes y las alubias, es lo habitual en una pareja. Pero, si además, se comparte la agenda de trabajo ¿Qué ocurre? Cuando dos personas comparten áreas tan importantes como el trabajo y el amor, la comunicación, la toma de decisiones o la forma de resolver los problemas son ligeramente distintos que las de personas que solo se relacionan en el ámbito laboral o solo comparten una vida de familia. Porque no es lo mismo discutir sobre la última peseta del presupuesto familiar, que hacerlo a la par que el balance de la empresa. Entonces surge el gran dilema: ¿qué es el otro? , ¿colega o pareja?. Convivencia intensiva La vida en común resulta muchas veces complicada. Por mucho que se quiera a la otra persona, en el día a día hay mil y un motivos por los que discutir. Desde el lado de la cama que le gusta a cada uno, hasta a quién le toca sacar al perro la noche más fría y lluviosa del año. Y eso, no es nada, comparado con las monumentales broncas que se pueden montar por la educación de los hijos. Si a todo esto, se añade una oficina, un despacho, un restaurante o cualquier otra actividad laboral común, la relación puede conducir al ahogo. Porque si además de verle cuándo te levantas y te acuestas, en la media hora del café y en las reuniones, tienes que compartir el tiempo de ocio; la saturación es casi inevitable. Un buen támdem A pesar de todo lo dicho, según las estadísticas, el 12% de la población activa acaba unida sentimentalmente a algún compañero/a de trabajo. Este elevado porcentaje deja al margen las aventuras pasajeras. Está claro que este tipo de relación funciona. Incluso, se puede llegar a formar un tándem fantástico, ya que según algunos psicólogos: “Compartir es tener mas información, lo que permite entender y aconsejar mejor al otro. Trabajar juntos facilita, por tanto, la comunicación y todo se vive de forma más intensa”. Ahora bien, hay que servir para ello y tener voluntad de que la pareja funcione en todos sus ámbitos. Pasión en la oficina Por un lado es necesario saber diferenciar la vida privada, del trabajo. “Puede que al principio te dejes llevar por la pasión y mezcles todo, pero pronto aprendes a separar las dos vidas” comenta Ana U., que comparte estudio de arquitectura con su marido. “Para que una pareja pueda trabajar junta, uno tiene que ser el jefe y el otro admitirlo. Los papeles tienen que estar muy claros”, añade. La mayoría de las parejas en las que la convivencia se extiende hasta el trabajo aseguran que la relación laboral da lugar a más conflictos que la convivencia en el hogar. Ambos se ven en la necesidad de profesionalizar la relación y tener bien distribuidas las responsabilidades. Por otro lado, resulta casi imprescindible ser muy independientes. Es importante aprender a disfrutar juntos del tiempo libre, pero también a hacerlo por separado. Salir solos a cenar con los amigos de vez en cuándo. Buscar tu espacio privado tanto en el trabajo como en el hogar, fomentar hobbies, etc. En definitiva huir de la monotonía como si fuera la mismísima peste. Y, en la medida de lo posible, dejar el trabajo en la oficina, hasta el día siguiente.

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