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¿Hace un tentempié?

La cronobiología, que estudia el ritmo de funcionamiento del cuerpo humano en su adaptación al horario, explica que existen horas en las que el tono vital desciende y una de ellas coincide aproximadamente con el mediodía. Por ello, no resulta extraña la necesidad de ingerir alimentos a esas horas, incluso si no se siente hambre física. Adaptar la ingestión de alimentos al desarrollo de la propia actividad parece ser el comportamiento más lógico. Una persona sin problemas de peso, que desempeña una tarea muy activa – sobre todo, cuando se trate de ejercicio físico- puede permitirse un almuerzo de proporción de calorías bastante notable (de 300 a 500, por ejemplo). Por el contrario, quien mantiene una actividad muy moderada, un trabajo sedentario y muestra tendencia clara al aumento de peso tendrá que procurar obtener del ligero almuerzo el máximo de rentabilidad nutritiva: energía, vitaminas y minerales y una escasa aportación calórica ( 150 a 200, como máximo). En este caso hay que hacer equilibrios, sopesar los nutrientes y las calorías. Una fácil digestión ¿Existe un grupo de alimentos más adecuados para ser consumidos a media mañana? Al parecer, no hay ingredientes que presenten mayores dificultades de digestión a esta hora del día. Pero si el almuerzo tiene lugar en medio de una jornada de trabajo especialmente dura será preciso evitar los procesos de asimilación lentos. Otro factor a tener en cuenta es la disponibilidad de recursos. Para quienes las horas de la mañana transcurren en el domicilio familiar –amas de casa, por ejemplo- será sencillo disponer de los alimentos más adecuados. Por el contrario, quienes desempeñan sus tareas profesionales en un despacho ajeno o en cualquier otro lugar, se ven obligados a organizarse en función de sus posibilidades: acudir a un restaurante o servirse de unas provisiones adelantadas. Energía instantánea De acuerdo con esta distribución, los alimentos más interesantes para integrar un almuerzo pueden distribuirse en tres grupos. Por una parte, alimentos calóricos, fáciles de transportar y capaces de proporcionar energía de forma casi instantánea. En este bloque figuran los frutos secos, el chocolate, pastas y galletas, embutidos,… Desde un puñado de cacahuetes a un bocadillo de jamón, pasando por una chocolatina. Casi todo está permitido a quienes no se ven en la necesidad de controlar su peso y no tienen problemas con la salud. Cuidado con las grasas No obstante, será bueno primar aquellos productos equilibrados en proteínas e hidratos de carbono de absorción lenta sobre los que se limitan a proporcionar exclusivamente combustible energético. Si el recuento de calorías no es el principio básico a implantar, conviene tener en cuenta las aportaciones de otros alimentos: vitamina A en la mantequilla de un sandwich, potasio en el chocolate, vitamina E en los cacahuetes o también fibra en el pan. Alimentos igualmente calóricos, que se pueden consumir en el domicilio o en un establecimiento público. En este apartado entran las infinitas posibilidades de la cocina doméstica, las cafeterías, tascas,…Pero el exceso de grasa de origen animal no es recomendable para nadie; ni siquiera los privilegiados sin problemas de peso deben recurrir continuamente a las tapas, fritos en manteca, platillos grasientos y similares. Unos huevos revueltos, alimentos cocinados a la plancha o frituras en aceite de oliva pueden constituir otras variadas alternativas. Alimentos bajos en calorías El asunto se complica cuando se trata de seleccionar nutrientes bajos en calorías, que aporten al mismo tiempo los principios necesarios para elevar el tono vital y quitar el hambre. No es recomendable rechazar los carbohidratos por principio. Una rebanada de pan integral untada con queso fresco y salpicada de hierbas aromáticas constituye un excelente tentempié que no sobrepasará las 200 calorías, se absorberá lentamente y permitirá aguardar sin la angustia del hambre no satisfecha hasta la comida siguiente. En este apartado desempeñarán un papel importante ciertos productos dietéticos de aportación controlada de calorías, a la venta en establecimientos especializados.

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