lunes , noviembre 20 2017
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Perder peso sin perder la cabeza

Las estrategias de pérdida de peso basadas en dietas penalizantes y programas de ejercicio extenuantes no suelen funcionar. Una motivación adecuada es el punto de partida válido para lograr el éxito en el propósito de eliminar esos kilos de más, sin perder la cabeza… El primer paso para adelgazar consiste en exponer las razones personales para perder peso. La motivación para hacerlo debe ser positiva. No suele funcionar una motivación negativa. Hay que dejar de considerarse como una persona gorda y pasar a verse como una persona que merece cuidados, para llegar a convertirse en una persona sana. Además, lo importante a la hora de adelgazar es perder la grasa corporal sobrante y muchas dietas lo único que consiguen es eliminar líquidos. El acto de comenzar a perder peso siempre debe ser gradual. Lo primero es empezar por uno o dos pequeños cambios que no representen un gran esfuerzo. Por ejemplo, el llevarse al trabajo las comidas de casa en lugar de comer en un restaurante. También está el tener a mano más alimentos saludables con poco contenido de grasa. Cambiar la actividad A la vez que se eliminan ciertos hábitos, también hay que reactivar otros. El ejercicio es tan importante, para perder peso y mantenerse, como los cambios en la dieta. El “plan 100 más 100” consiste en quemar 100 calorías más por día de las que se quemaban antes de comenzarlo. Por ejemplo, andando se consumen entre cinco y seis calorías por minuto. Entonces se añadirán 20 minutos de marcha al día. Y a la vez se deberán reducir 100 calorías de la dieta. Una persona con sobrepeso que logre mantener esto durante un año, podría perder cinco kilos sin hacer nada más. Al incorporar nuevos hábitos a la rutina diaria, es importante que sean elecciones que puedan mantenerse durante toda la vida. El tomarse muy en serio el hecho de tener que perder peso es fundamental. Muchas personas fracasan en sus tentativas por el poco convencimiento de conseguir éxito en una empresa, en la mayoría de las ocasiones, dura y sacrificada. Comida y emociones Es importante escribir un diario de comidas sin cambiar los hábitos alimenticios. Así se puede llegar a la conclusión de que se comen porciones más grandes y se pica entre horas más de lo que se pensaba en un principio. Un diario además resulta útil para averiguar qué razones llevan a comer. Aún estando sanos es conveniente hacer un control de la realidad. Así se podrá analizar qué grupos de alimentos se consumen poco y si se consume mucha o poca grasa. Las emociones también juegan un papel fundamental. Mucha gente tiende a interpretar ciertas claves emocionales (como temor, cansancio o soledad) como hambre, cuando en realidad no tienen nada que ver. En esos casos, comer es la forma de muchas personas de dar la espalda a sus contratiempos. Lo mejor es averiguar qué pasa cada vez que se siente hambre. De esta manera pronto se empieza a distinguir distintos grados de hambre física y a separar el hambre auténtica del cansancio, miedo o desaliento. Mandamientos para adelgazar Lo primero, comer cuando se tenga hambre. Se tiene hambre física menos veces de lo que se piensa y se necesita comer menos para saciarla. También es importante comer sentado y en un entorno tranquilo. En el momento de comer tampoco hay que tener cerca distracciones. La sensación de saciedad sólo llega al ser consciente de que se está comiendo. Por supuesto, hay que comer lo que se quiera. Pronto se empezará a distinguir entre lo que se cree que se quiere y lo que el organismo realmente necesita. Nunca hay que esconderse para comer. La propia persona debe controlar lo que come. Y en el momento de comer no hay que inculparse si se ingiere más de lo debido. Todo el mundo es humano. Y sólo de uno mismo depende volver al buen camino. Por último, comer es un placer. Sólo hay que darse cuenta de que tiene un límite y que se está satisfecho.

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