Domingo , Agosto 20 2017
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Una dieta a la carta

“El problema de las dietas es que no se adaptan a la vida real”. Esta es la máxima que arguyen todos los nutricionistas para explicar el escaso éxito de algunos regímenes de adelgazamiento. Por eso, todos ellos establecen que el secreto para conseguir la silueta idónea pasa por diseñar la dieta de acuerdo a la vida que se lleva, y no a la inversa. Ver producto en Mundogar Una dieta efectiva consiste en reemplazar una alimentación internamente regulada por una alimentación cognitivamente determinada. Cuando se decide restringir la alimentación, se obliga al organismo a ignorar las señales internas de hambre o de saciedad, para lograr cumplir el plan que se supone nos llevará a la pérdida de peso. El perder contacto con todo lo que significa el hambre y la saciedad predispone a perpetrar todo tipo de abusos contra nuestros cuerpos. En lugar de confiar en nuestras propias señales internas, aprendemos a depender de un sinfín de señales externas. Alto porcentaje de fracasos Además, la restricción alimenticia, de por sí, tiene consecuencias que no se pueden obviar. Por ejemplo, se sabe que quienes están a dieta, y rompen la misma consumiendo alimentos altos en calorías, no lo compensan minimizando su ingesta, sino que, todo lo contrario, tienden a desinhibirse, comiendo muchos otros alimentos altos en calorías. Se sabe, también, que el 95% de quienes empiezan una dieta, pesan lo mismo después de un año. Por lo tanto, no es muy difícil deducir que quienes se mantienen a régimen no suelen alcanzar el éxito deseado para bajar de peso. La única diferencia radica en que el peso de esas personas tiende a fluctuar más que el de los que no lo hacen. Ajustarse a la realidad Las estadísticas apoyan esta realidad. En un estudio de la Universidad de Yale realizado con más de 100 mujeres, el 73% de las que se mantuvieron fieles al régimen alimenticio, esto es, las que perdieron peso y no volvieron a engordar, habían diseñado sus propias estrategias acerca de la forma de reducir la ingesta de grasas y dulces. En contraste, apenas el 38% de las que volvieron a engordar habían sido autoras de sus dietas. Más que adoptar grandes cambios, la mejor forma de lograr el éxito reside en fijarse objetivos realistas, explican los expertos. En realidad, perder medio kilo al mes -la meta ideal, según los endocrinólogos- sólo exige reducir 500 calorías al día. Eso se consigue con un poco de actividad física y cambiando la forma de preparar los alimentos, los fritos por los alimentos al vapor o substituyendo unos platos por otros. Si no se es muy partidario de gimnasias un breve paseo de media hora bastará. O bien, quitar la mantequilla de las tostadas del desayuno y tomarse un buen zumo de naranja y un café o infusión, en lugar de jurar que los dulces desaparecerán en su vida. En toda dieta es fundamental empezar el día con un buen desayuno rico en vitaminas. Platos tentadores Debe determinar cuáles son sus comidas problemáticas, es decir, las que provocan recaídas más frecuentes y pensar en sustitutos de su agrado. Por ejemplo, puede cambiar las patatas fritas por palomitas de maíz sin grasa; el helado por yogur descremado con frutas; el queso curado por queso fresco bajo en grasas; los cacahuetes por trocitos de frutas picadas… Si realmente no puede resistirse a un plato o un alimento altamente engordante, no lo borre de su lista. Tómelo sólo los domingos, o cuando vas a cenar fuera, o en fechas determinadas. Las prohibiciones radicales estimulan el deseo de lo que queremos suprimir. Situaciones incitadoras Reconozca lo que estimula su apetito. A veces, nota que hay sitios, personas o sentimientos que le empujan a comer demasiado. Sin embargo, hay formas de reconocer las claves que estimulan su apetito. Así, antes de acudir a una fiesta, tome fruta, beba agua, cómase una ensalada… de forma que cuando llegue no se lance sobre los canapés. En la celebración, concéntrese en las frutas y verduras si las hubiera. Y en otras ocasiones igualmente peligrosas, como pueden ser las vacaciones, lo mejor es concederse caprichos sólo en una de las comidas. En general, suele funcionar empezar con un desayuno saludable comer ligeramente y dar rienda suelta al apetito en la cena. No se preocupe si aumenta medio kilo, lo importante es que intente perderlo a la vuelta.

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