sábado , enero 20 2018
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Aventura en Marruecos

El trayecto Madrid-Casablanca fue de pesadilla. El avión se sacudía sin piedad en el aire por una tormenta que nos hizo aterrizar en Marruecos con la cara pálida y las piernas temblorosas. Inmaculada, la directora de Moda, y yo misma, nos agarrábamos de la mano apretujadas en los asientos de una cabina atestada de pasajeros nerviosos esperando que de una vez se anunciara el aterrizaje. Ibamos camino de una de las producciones más importantes del año y nos quedaba mucho camino por delante. No queríamos quemar adrenalina de esa forma. El vuelo de Casablanca a Agadir fue casi un paseo. Era medianoche cuando pasábamos la aduana (Juan, el fotógrafo tuvo que enseñar pacientemente todo el material que acarreaba) y todavía nos quedaba otra pequeña tortura: una hora de jeep trotando por caminos de arena hasta llegar a Massa, un pequeño pueblo con una playa gigante y salvaje, donde se encuentra la reserva de aves del Norte de África. Un lugar muy especial para unas fotos que debían ser espectaculares. marruecos11 Inés voló directamente desde París. Llegó antes que nosotros así que decidió entrar en el hammam a relajarse y luego cenó hotelsola. «Me encantan los lugares como éste, inaccesibles, salvajes, donde te olvidas del mundo». Antes de acostarse, en la habitación del hotel, leyó durante largo rato «Le Harcelement Moral» de Mari France Hirigoyen, en francés. Es una gran lectora, pero sorprendentemente no tiene ordenador ni maneja el correo electrónico. «No soy nada internauta, yo digo que soy del siglo XX no del XXI». Al día siguiente, los que habíamos llegado de madrugada ya estábamos desayunando cuando apareció en el comedor, espléndida, sonriente, con una chilaba roja: ¿Vamos fuera, no? En la terraza, un café, un poco de fruta con yogur, una crepe pescada al vuelo con la mano y a tomar el sol antes de empezar la sesión de fotos. Inés no para un momento. Es charlatana y divertida, y no para de contar anécdotas de su «Puchi». Diego, de dos años, le tiene comido el seso. Nunca ha sido tan feliz. Lo dice una y otra vez. El niño ha llenado un hueco muy importante en su vida «y me siento muchísimo menos sola que antes». foto2 También ha tenido otro efecto: orden en lo cotidiano. Ya no vive entre Londres, París y Roma, sino en su piso de París, muy cerca del cole, del gimnasio y de las tiendas donde le gusta comprar. Va a los trabajos en taxi, no tiene que coger aviones, y se acuesta pronto después de ver en la tele la serie de detectives que echen ese día. Está enganchada, me dice, a los capítulos de «criminales». Ines¿Es verdad os preguntaréis que tiene un cuerpo estupendo a los 35 años? Pues sí, su pecho es natural, siempre ha tenido un magnífico escote, y lo mantiene. Hace ejercicios cardiovasculares, abdominales y glúteos dos veces por semana con un entrenador personal con el que lleva doce años en el gimnasio del Hotel Costes, «pero ahora estoy especialmente concienciada». «El gimnasio me desacelera y me encuentro mucho mejor». Como casi todas nosotras, la «operación bikini» también le afecta. ¿Has tenido alguna vez algún celulítico en casa? le pregunto. «Noooooo», se ríe. Pues sí, dice después, pero me falta la constancia. O sea, como a todas. «Creo más en la hidratación regular y en los tratamientos durante todo el año que en una «operación» antes del verano». Efectivamente, tiene razón, pero no es fácil cumplirlo. A la hora de comer, Inés ataca el cous-cous con las mismas ganas que todo el equipo… o más. Es una fanática de la comida marroquí y se nota que le gustan los sabores fuertes porque le pide al camarero «esa salsita amarilla que pica» para echarla por encima de los garbanzos. Con los postres (exquisitos, por cierto) se reprime un poco porque sabe que el objetivo disparará en unas horas y quiere tener la tripa en forma. Ella es una gran cocinera y le encanta recibir en casa. A sus amigos les hace platos de verduras, pasta, guisos, pone velas y buena música «Soy la reina del supermercado, no hay nada más deprimente que una casa con la nevera vacía». A la hora de posar, Inés es disciplinada y enamora a la cámara. Su sonrisa conquista porque es completamente natural. Ella asegura que esconde una gran timidez, pero los demás no lo percibimos. Tres días después, toca volver a casa. Ella con su «Puchi» del que nos ha ensañado todas las fotos que lleva en el móvil. Se le cae la baba. ¿Y de amores? «Me he tomado un año sabático», me comenta. «Quiero disfrutar de mi vida y de la relación con mi hijo». «Las relaciones de pareja se han vuelto muy difíciles», ríe.

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